Puede un hombre convertirse en asesino el mismo d a de su jubilaci n? Podemos ver, como lectores, la tormenta de pensamientos que forman las palabras en la conciencia de ese hombre?
Mart n S nchez, bibliotecario, discute consigo mismo durante un mes. En su conversaci n pasa de la indignaci n a la ira y de ah a maquinar un asesinato. La causa del encono de las palabras en su conciencia es su jefe. Un cargo pol tico insignificante que acumula todos los defectos que puede acarrear el uso interesado del poder: Es chulo, menosprecia e insulta a los ciudadanos, da contestaciones hirientes y se apropia de bienes comunes, incluidos los s mbolos, las ideas patri ticas y la fe.
Nuestro bibliotecario lee el epitafio de la tumba de Adolfo Su rez ("La concordia fue posible") y recuerda la educaci n que recibi "para ser un hombre bueno". Cambia de idea. Cree que puede controlar la ira, y de hecho lo consigue, pero un gesto y unas palabras del jefe le desatan el instinto y sus actos le hunden en el fracaso.
Adem s del relato que le da nombre, este libro contiene otros 22 cuentos. Casi todos tienen su semilla en la indignaci n. En unos pocos esa indignaci n se muestra sublimada en amor, sexo, reflexi n, o ejercicio del humor; los otros, con m s o menos maquillaje, son hijos de la mala leche. De tan "sana" filiaci n se libra el brindis final, que desborda ptimos deseos.