Connor Lockhart es guap simo, pero es un gru n con menos encanto que una pared de ladrillos. Y, en un giro de gui n inesperado, tambi n es mi nuevo jefe.
Nuestro primer encuentro fue un desastre absoluto. Yo llegaba tarde a una mesa redonda en una convenci n sobre videojuegos y, mientras hac a cola para comprar un burrito, el t o delante de m no dejaba de hacer preguntas sobre el men como si estuviera en un restaurante de cinco estrellas. Le ped que me dejara pedir antes que l, pero se neg . Ni que le hubiera pedido su n mero de la seguridad social As que es posible que le tirase un bote entero de salsa superpicante encima de la comida. Unos d as despu s, resulta que ese pedante de los burritos es quien firma mis n minas en la empresa de mis sue os. Trabajo de ensue o, jefe de pesadilla. l es un hombre imposible: fr o, malhumorado y al rgico a las conversaciones casuales. Se dir a que sonre r le causa dolor f sico. S , es incre blemente guapo y, cuando por fin aparece una sonrisa, es para desmayarse. Pero hay algo m s debajo de ese ce o fruncido que me resulta demasiado atractivo. Y cuando su hija de nueve a os se empieza a pelear con mi hermana peque a, de la misma edad, nos vemos obligados a establecer una tregua. Despu s viene un beso y, a continuaci n... un mont n de sentimientos. No quiero enamorarme del gru n de mi jefe, solo quiero quit rmelo de la cabeza. Es una l stima que mi coraz n tenga sus propios planes.