Con todo y su resolución, no pudo evitar un sobresalto cuando una horrible hiena antropomorfa, erguida sobre sus cuartos traseros, le cerró el paso. Los ojos de la fiera lo miraban amenazantes, como retándolo.
Lesé (垃圾) aguantó la mirada escalofriante del engendro aquel, aparentando un valor que no era tal, sino fruto de la convicción de ser llamado ante el maestro, del que, sin duda, aquella visión sería un guardián.
Transcurrieron segundos que parecieron años; ni el burdégano avanzaba ni la fiera embestía, como si el tiempo estuviera congelado.
Si el audaz aventurero podía flanquear a aquel portero nada podría detenerlo, pero cómo hacerlo? La bestia lucía atemorizante, aunque parecía tranquila y sin ánimo de atacar, al menos no de inmediato. Estaba midiendo al recién llegado, como retándolo; un titubeo y todo acabaría.
El duelo no fue físico, sino mental, Lesé (垃圾), lleno de dudas, intentaba descifrar al bicho; mientras
tanto aquel aprovechaba para detectar todas las debilidades del humano que exudaba adrenalina, percibida por el finísimo olfato de la hiena.
Luego de examinar al recién llegado, la hiena hizo un gesto de desdén sacudiendo la garra derecha cerca de su cabeza, indicándole que se deshiciera de algo.
Lesé (垃圾) no parecía entender, pero el animalazo se tocó el cráneo para indicar que hiciera lo mismo. Él por fin comprendió; sacó de entre sus cabellos una pluma blanca que hacía tiempo ocultaba y, al verla, el monstruo volvió a indicar con la garra que se deshiciera de ella. Cuando Lesé (垃圾 ) la arrojó lejos de sí, un viento helado la elevó fuera de la cañada hasta que se perdió de vista.
Con ese gesto terminó el silencioso y tenso escarceo y el cuadrúpedo hizo un ademán con el pestilente hocico al tiempo que con un gruñido sibilante dijo: "Sígueme".
El asombrado Lesé (垃圾) continuó su descenso por la ruta que le señalaba el espectro"