Sobre un peque o pueblo de monta a en el este de un peque o pa s pende el espectro de una guerra cruel en la que todos perdieron. Ah ni os se hicieron hombres. Ah hombres murieron creyendo haber peleado por una causa justa. Ah los restantes se quedaron a vivir la impotencia de soportar la traici n de sus corruptos l deres. Ah la guerra cre una ausencia de todo y la pobreza no pudo ser m s pobre. Ni os y adolescentes crecieron siendo testigos de implacables fuerzas que cambiaron sus vidas para siempre. Su protecci n s lo podr a venir de otra fuerza igual o superior a la que sus vidas contemplaban: el cari o de padres y abuelos, indeleble pero capaz de detener el colapso de una naci n.
La fuerza protectora de padres y abuelos: este es un canto a esa fuerza, a esa verdad.