El universo no empez con un estallido, sino con un susurro.
Eso cre a la doctora Iris Vang, astrof sica del Observatorio de Sargas, mientras observaba la pantalla que parpadeaba frente a ella. Nadie lo sab a a n, pero en menos de tres meses, la galaxia ver a algo que ning n humano hab a presenciado.
Un eclipse.
Pero no uno com n.
Uno gal ctico.
Un velo oscuro avanzaba desde los bordes de Andr meda, como una sombra c smica que devoraba sistemas enteros sin emitir radiaci n, sin producir explosiones, sin ruido alguno. Solo vac o.
El fen meno hab a sido detectado por error. O quiz , pensaba Iris, no fue un error... sino un aviso.
La ltima transmisi n de la estaci n remota V rtex-3 hab a captado un fragmento de audio que los t cnicos no lograron explicar:
un patr n r tmico, casi org nico, seguido de un murmullo que hac a vibrar los huesos aun a trav s de los auriculares.
"No estamos solos", escribi Iris en su cuaderno, con una letra temblorosa.
"Y no est n viniendo.
Ya est n aqu ."