Cada libro de esta serie ha comenzado con una convicci n sobre lo que su tema realmente es, porque la palabra en cuesti n ha sido con demasiada frecuencia desgastada por el uso descuidado. Este libro comienza con una convicci n paralela sobre la interpretaci n b blica misma: que la hermen utica y la ex gesis no son disciplinas acad micas especializadas reservadas para las aulas del seminario, sino habilidades esenciales y pr cticas que todo lector serio de las Escrituras necesita, ya sea pastor, maestro, l der de un grupo peque o, o creyente com n decidido a escuchar la palabra de Dios correctamente y no simplemente de manera conveniente.
El libro se desarrolla en seis partes, cada una correspondiente a una de las dimensiones fundamentales que exige una interpretaci n cuidadosa. La Parte Uno establece el fundamento teol gico: Dios se ha revelado genuinamente, y la interpretaci n es la respuesta necesaria y humilde que esa revelaci n exige. La Parte Dos examina el mundo hist rico, geogr fico y sociocultural detr s del texto b blico, el mundo antiguo en el que los autores de las Escrituras realmente vivieron, escribieron y fueron escuchados por primera vez. La Parte Tres se dirige al mundo literario dentro del texto, los g neros, estructuras y t cnicas de composici n mediante los cuales los autores b blicos comunicaron su mensaje inspirado por Dios. La Parte Cuatro desciende al detalle gramatical y ling stico de las palabras, las oraciones y la traducci n, el nivel en el que el significado se gana, o se pierde, con m s facilidad. La Parte Cinco se eleva al contexto teol gico dentro del cual cada pasaje individual encuentra su significado ltimo: la historia unificada de las Escrituras, su cumplimiento en Cristo y su sustancia doctrinal coherente. La Parte Seis re ne todo este m todo en un solo proceso pr ctico que va del texto cuidadosamente estudiado a la vida fiel y obediente.
A lo largo de la obra he tratado de resistir dos atajos igualmente tentadores. El primero es un minimalismo t cnico que trata la hermen utica como un ejercicio puramente acad mico de reconstrucci n hist rica y ling stica, interesante para los eruditos pero desconectado de la transformaci n espiritual genuina. El segundo es un minimalismo espiritual que trata el m todo cuidadoso como innecesario, o incluso sospechoso, como si la sinceridad y la oraci n por s solas pudieran sustituir el trabajo paciente y a veces exigente que este libro describe. Las mismas Escrituras, como argumentar extensamente el Cap tulo 5, rechazan esta falsa disyuntiva: el mismo Esdras que se dedic al estudio cuidadoso de la Ley se dedic igualmente a su pr ctica y a su ense anza, y los mismos disc pulos que recibieron la presencia resucitada de Cristo todav a necesitaban que se les abriera el entendimiento antes de poder comprender las mismas Escrituras que hab an le do toda su vida.
No escribo como quien ha dominado esta disciplina, sino como alguien que todav a la est aprendiendo, que todav a descubre cu nto m s paciencia, cu nto m s conocimiento hist rico y cu nta m s humildad exige la comprensi n genuina de lo que una vez supuse. Mi esperanza para este libro es la misma esperanza que ha acompa ado cada volumen de esta serie: que al aprender a interpretar las Escrituras fielmente, el lector no solo adquiera una habilidad t cnica, sino que se enamore de nuevo del Dios que, a trav s de cada siglo y en cada idioma que su pueblo ha hablado, nunca ha dejado de revelarse a quienes lo buscan con un coraz n abierto y una mente examinada.
- Andr s Morantes