El cordero de Isa as es una obra que pertenece al ciclo de autos sacramentales de Pedro Calder n de la Barca, uno de los m s prominentes dramaturgos del Siglo de Oro espa ol. La obra se centra en la traves a espiritual de la reina et ope Candaces y su favorito Behomud, quienes se ven impulsados a cuestionar su mundo y su fe a ra z de los fen menos sobrenaturales que acompa an la muerte de Cristo y la instauraci n de la Ley de Gracia.
En al inicio de la obra, los personajes se encuentran en medio del caos y el terror provocados por un terremoto, s mbolo de la convulsi n c smica que la muerte de Cristo genera. Candaces y Behomud claman al cielo por misericordia y se interrogan mutuamente sobre el significado de los eventos catacl smicos que est n viviendo.
Una de las fortalezas de la obra es c mo Calder n de la Barca utiliza este escenario apocal ptico para indagar en las dudas m s profundas que asaltan a la humanidad cuando se enfrenta a lo inexplicable o divino. Los personajes experimentan temor, y una intensa necesidad de entender el orden c smico y su lugar en l.
Behomud, descrito como el "humano or culo de sus ciencias", se convierte en un contrapunto filos fico y teol gico para Candaces. Ambos buscan respuestas, y en su b squeda, la obra plantea preguntas sobre la naturaleza del sufrimiento, la presencia o ausencia de Dios en momentos de crisis, y la posibilidad de redenci n y gracia.
En esta obra Calder n de la Barca emplea un lenguaje po tico y cargado de simbolismo. Los di logos est n imbuidos de una profunda emoci n y complejidad teol gica, reflejando la tormenta interna y externa que los personajes est n experimentando. Esta mezcla de lo terrenal y lo espiritual hace que la obra trascienda su contexto hist rico y religioso, convirti ndola en una meditaci n universal sobre la condici n humana.
El cordero de Isa as es una obra intensa y emocionalmente cargada que utiliza un evento hist rico y teol gico para explorar preguntas universales sobre la existencia, el sufrimiento y la b squeda de significado. Su riqueza simb lica y emocional la convierte en un destacado ejemplo de los autos sacramentales, y en una obra que sigue resonando en los debates sobre fe y raz n, incluso hoy.