Es imperioso olvidar el pasado cuando se lucha, constantemente, para sobrevivir ante el tiempo que, inclementemente, nos recuerda ese fat dico momento cuando el dolor rasg lo m s d bil de nuestro fr gil esp ritu. Sus esfuerzos por salir corriendo y alejarse, para siempre, de ese pasado que marc su existencia, no fueron suficientes como para evadir el sufrimiento por el cual pasaba, cada vez que volv a al mismo punto donde sus ojos, de la manera m s injusta aprendieron a llorar de dolor, de tristeza, de desconsuelo.
Cuando pens que todo hab a acabado, que un nuevo comienzo le dar a la oportunidad que siempre busc ; el enga o, la crueldad y la injusticia se hicieron presente. Aquello, de hecho, se convirti en el detonante que, con el simple roce de una chispa cargada de odio, de melancol a y, por qu no, de desprecio; le hizo sucumbir ante su deseo de venganza.
Ver la angustia que sus verdugos mostraban, cada vez que se enfrentaban a esa realidad que dejaba ver que no eran tan valientes como quisieron mostrarse ante seres d biles incapaces de defenderse, le llenaba de fuerzas para seguir adelante, hasta agotar cada gota de odio que hab a en lo m s hondo de su alma.