El presente libro, de autor a de uno de los intelectuales m s prol ficos del pa s, maestro mas n, ex subsecretario de culturay ex presidente de la Academia Nacional de Historia, tiene un rasgo que lo singulariza y es el de haber abordado el papelo acci n mas nica en el Ecuador; cierto es que hay ensayos, art culos y trabajos de diversos autores que se refieren a unasuerte de cronolog a de la formaci n de logias, levantamiento y abatimiento de columnas y la pertenencia a la Orden de personajes hist ricos conocidos, o a la participaci n e influencia de masones en determinados episodios hist ricos, entre losepisodios m s conocidos, la acci n del precursor Eugenio Espejo, a trav s de la Escuela de la Concordia, en la que reuni a varios masones que vislumbraban la necesidad de la independencia de la corona espa ola; la de los m rtires del 2 deAgosto de 1810, entre los que se contaban a varios hermanos; la participaci n de masones en las Cortes de C diz; en lasluchas independentistas, y m s tarde, en la Revoluci n Alfarista, resaltando la figura del Viejo Luchador como mas n dealto grado. Pero el m rito de esta obra que comentamos, est en que el abordaje es completo, lo que implica un tratamiento historiogr fico amplio y detallado de la acci n mas nica como aporte al Ecuador Republicano. El presente libro abarca el per odo hist rico que va, desde fines del siglo XVIII hasta la mitad de la segunda d cada del siglo XX, pr cticamente, desde los movimientos precursores de la independencia americana, pasando por la constituci n de la Rep blica del Ecuador, hasta llegar a la Revoluci n Juliana en 1925 y el fin de la poca de dominio plutocr tico.Sin duda alguna, ya hac a falta un libro como este. Es de esperar que venga otro -la segunda parte- que se inicie conel an lisis detallado de la participaci n de hermanos masones en la Revoluci n Juliana, hasta nuestros d as.Como bien sabemos, la constituci n del Estado Naci n fue una tarea nada f cil; muy por el contrario, se enfrent conobst culos relacionados con los intereses de sectores regionales y locales con fuertes influencias econ micas y pol ticas quemiraban con recelo la conformaci n de un Estado donde sus "influencias" estar an mediatizadas. Un latifundismo serranobasado en el sistema hacienda con relaciones de trabajo precarias, cuasi-esclavistas, y una oligarqu a coste a basada tambi nen la gran propiedad de la tierra y en la agroexportaci n, am n de visiones reduccionistas en el imaginario, marcadamenteparroquianas y regionalistas, fueron factores que conspiraron durante todo el siglo XIX para estructurar un Estado Nacionalque superase el fraccionamiento existente.Ya en los inicios del siglo XIX y antes de ser Rep blica -dice el autor- "Para cuando se produjo la insurgenciade 1809, el pa s quite o se hallaba constituido por cuatro sociedades regionales con caracter sticas culturales particulares, en las que prevalec an distintas formas de propiedad y estructura social, exist a una diversa producci n y, por ende, se daban unas tambi n distintas formas de articulaci n a los mercados exteriores".Estos intereses particulares explicar an, en buena medida, episodios hist ricos en que en el Ecuador republicano existieran, al mismo tiempo, varios gobiernos actuantes. "Diversas revueltas seccionales provocaron en 1859 una crisis dedisoluci n. En Quito, Guayaquil, Cuenca y Loja, se formaron gobiernos aut nomos. El Per ocup varios territorios ybloque el puerto principal. Los pa ses vecinos negociaban la partici n del pa s. Llego un momento en que todo el sistemaamenaz venirse abajo por el peso de las contradicciones entre las oligarqu as regionales"
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