El desarrollo r tmico y las historias de los poemas que conforman El aire en la mano se apoyan en (o han sido sugeridos o acabados por) una pieza musical que forma parte de un conjunto de grandes obras universales. En su totalidad, y de forma individual, estos poemas proponen que las grandes obras universales (en la m sica, en este caso) encierran momentos que s lo se pueden medir a partir de las experiencias nicas de quienes escuchan a maestros como J. S. Bach o W. A. Mozart. Los poemas son, entonces, el recorrido en un paisaje personal donde la poes a y la m sica se funden para llegar a visualizar momentos decididamente humanos. Mediante la lectura de estos poemas se llega a entender que los hechos po tico-musicales del poemario apuntan hacia interpretaciones que quiz s correspondan al acto de escribir (vivir) la vida con honrada, si bien fr gil, dignidad. Tambi n, se podr a decir que, apuntan a sentir insistentemente la triste e indeleble felicidad que puede dejar un amor fugaz, o incluso la de querer, sin prisas, a alguien despu s de la muerte.
Dicho todo esto, la idea de m s peso en El aire en la mano es que cada pieza musical que lleva de la mano a cada poema se abre a la interpretaci n del oyente y del lector. Si el poeta ofrece una lectura auditiva con palabras, es porque comprende perfectamente que la interpretaci n de tales piezas no es m s que una posible variaci n (o divagaci n) sobre un universo inmarcesible.