Una tormenta nocturna arrastra a Don Quijote y a su inseparable escudero hasta un castillo encaramado sobre una pe a, cuyas torres parecen desgarrar el cielo. Lo que para el caballero es promesa de aventura y encantamiento, para Sancho Panza es anuncio de desgracia.
En el interior del castillo, gobernado por un se or tan altivo como inquieto, los corredores se alargan m s de lo razonable, las armaduras crujen sin manos que las muevan y los lamentos recorren los muros como si la piedra tuviera memoria. Una antigua profec a habla de la ca da del linaje por culpa de un pecado oculto y la sombra de un heredero perdido amenaza con reclamar lo que le pertenece.
En homenaje a "El castillo de Otranto" (1764), de Horace Walpole.