Seg n Jes s, una vida plena se experimenta amando a Dios con todo el coraz n y al pr jimo como a uno mismo, mediante actos de misericordia, justicia y paz, buscando la pureza de coraz n y la vida eterna en comuni n con el Padre. La vida cobra sentido al centrarse en valores espirituales, como los que ense an las Bienaventuranzas, en lugar de en las riquezas materiales o la gloria terrenal.