Punta Pico es un pueblo captado a trav?s de la iron?a. El narrador de la historia lo hace de una masera "piblesca" -todo el tiempo al lector le parece haber estado escuchando al Pible, personaje pintoresco de los cubanos ayer, y de los medios audiovisuales miameros hoy, caracterizado por una lengua venenosa y un doble sentido c0nstante que no hiere al duro, sino que como el rat?n va soplando mientras muerde para paliar el dolor. Punta Pico es la sinfon?a de la puya y de lo grotesco en el concierto de los pueblos rurales, donde no falta un pillo y un aprovechado, una prostituta y un buen coraz?n, y viene a ser como la fusi?n ex profeso de la Castalia de Hesse con sus experimentos humanos caracterizados por la ruptura y el salto sin medir consecuencias, el Macondo de M?rquez con sublimes surrealismos, y el Pueblo Mocho de Feijoo con su chota y sus desgarradoras miserias humanas, aderezados con nombres que son una verdadera oda a la iron?a, la s?tira y la parodia como Triplefeo, Tanita la Cachorra, Lagunazo Moribundo, Libardo Toro o Troglio Lapica, que denotan un ingenio y una sorna muy pronunciada y muy trajinadora ─por aquello de coger pal traj?n a uno. As? en la pasarela de esta historia ocurre un desfile donde vemos grandilocuentes im?genes del disimulo, como el momento en que una mujer en el cuarto matrimonial, abri? una aulita de m?ximo glamur donde impart?a clases por separado de c?mo dominar a los hombres, enmascarando sus prop?sitos... O un Pedro Luna que cifraba esperanzas de preponderancia en pre?ar a Selena Piedra, por buen sacador de cuentas y seguidor emp?rico, pero bastante exacto, de los cuerpos celestes, que lo hizo cuadricular la ovulaci?n y en breve ella ten?a el ?tero habitado... o aquel jueguito a la felicidad entre Ar?stides y Aridamia que dur? hasta que cierta locomotora, m?s jadeante que siempre, llegara arrastrando un vag?n de m?s... La iron?a llega a tomar hervor de esquizofrenia: los puntapiquenses truequeaban lo mismo un collar de perlas hawaianas por una licuadora manufacturada en Singapur, que un caden?n oro 18o por dos pitusas de p?sima marca y un par de tenis > ─m?s fotograf?a exacta de la Cuba de todos, la de hoy, hay que mandarla a hacer─ o una exquisita mujer llamada Manguito que decidi? dejar de ser lo que era: al marcharse el vag?n Casa del Oro y la Plata, dejando a Punta Pico m?s empobrecido que un siervo de la gleba, ella se mont?, estren?ndose en amor?os con un tipo de aspecto pr?spero y voz de bar?tono adenoideo... Desfilan Orula y el idboyage que ponen en veda a una mujer, pretexto para darse ella a la estafa con el protagonista principal de la narraci?n, propuesta que hace conseguir que aquella noche, Ar?stides se masturbara hasta desertificarse los oasis de la pr?stata y en cada habitaci?n de la casona polvorienta, necesitada de mujer, dejara caer su simiente. De seguro, ya usted cay? en la cuenta: los puntapiquenses son dados a esa suerte de enlunamiento que provocan las novedades... Esa es la naturaleza de esta historia. Jos? Luis River?n Rodr?guez
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