Elena Moreau nunca crey en el amor.
Cre a en patrones, psicolog a y datos. El amor, tal como lo ve a el mundo, no era m s que una ilusi n: un intrincado juego de hormonas y respuestas neuronales, un enga o que la mente se jugaba a s misma. Y ella era experta en descifrar ese enga o.
Como psic loga y cient fica, Elena dedic a os al estudio de la psique masculina, traspasando l mites que otros no se atrev an a pisar. Su investigaci n era poco convencional, incluso controvertida: fing a amor os para observar las emociones de primera mano, desvelando las capas del deseo, la pasi n y el desamor.
Cada relaci n era un experimento. Cada hombre era un sujeto.
Hasta que lo conoci .
Una conexi n a distancia, inesperada y embriagadora. Lo que pretend a ser un simple estudio m s pronto se convirti en algo m s.