Han pasado los a os, y sin embargo, cada vez que abro estas p ginas me asomo a un abismo que no deja de arder. La historia que aqu relato no ha envejecido: ha mutado, ha respirado con las voces que la han le do y la han hecho suya. La primera edici n de esta novela fue, en su d a, un acto de exorcismo. Hoy, al escribir estas palabras para la segunda, comprendo que fue tambi n un acto de invocaci n. Porque los fantasmas de aquellos a os no se han marchado. Siguen aqu , susurrando en la arquitectura quebrada del Carme, en las brumas del Turia, en los adoquines que una vez pisamos con la ilusi n de cambiar el mundo.
La Valencia de los setenta fue el escenario de nuestra tragedia y nuestro rito de iniciaci n. Una ciudad que despertaba del letargo franquista con un ojo abierto al Mediterr neo y otro clavado en los vinilos, los panfletos, las hogueras nocturnas. Cre amos que pod amos reinventarlo todo: el amor, la pol tica, el arte, incluso el lenguaje. Y en cierto modo lo hicimos. Pero el precio fue alto.
Recuerdo ahora con una mezcla de ternura y asombro c mo nacieron estas p ginas. No fueron concebidas como una cr nica ni como una autobiograf a, aunque contienen mucho de ambas. Fueron una necesidad: la de recuperar la voz, el grito, la m sica que nos habitaba. En cada cap tulo hay una batalla contra el olvido. En cada escena, un acto de resistencia frente a la desmemoria institucionalizada que se empe a en reducir aquellos a os a una nota a pie de p gina en los manuales de historia.
Lo que aqu se cuenta no es solo la vida de un grupo de amigos enfrentados a su tiempo, sino la eclosi n de un paradigma que sigue latiendo. El lector actual podr encontrar en estas palabras no solo una postal amarillenta de la Transici n, sino el germen de muchas luchas que se siguen librando: la defensa de lo com n, la necesidad de imaginar alternativas, la urgencia de no pactar con el cinismo.
Esta segunda edici n, enriquecida por las lecturas y comentarios de tantos lectores generosos, no pretende corregir el pasado. Pretende celebrarlo, y con l, celebrar la rebeld a como forma de vida. Porque si algo he comprendido en todos estos a os es que la contracultura no es un estilo ni una est tica: es una tica, una manera de mirar el mundo desde el margen, desde el deseo de lo imposible.
Muchos de quienes aparecen en este libro ya no est n. Algunos cayeron por el camino. Otros se perdieron en la maquinaria del sistema. Unos pocos resistieron, sin aplausos ni medallas, y siguen inventando formas de vivir fuera del molde. A ellos dedico esta reedici n. A los que no se rindieron. A los que siguen creyendo que es posible encender otra vez la llama de Prometeo, aunque sea con una cerilla mojada en medio del temporal
"Contracultura y Revoluci n: valencia 1973-78" relata, con un tono pico y nost lgico, la trayectoria de un grupo de amigos durante el Valencia de los a os 70, cuando la represi n franquista daba sus ltimos coletazos y la contracultura ansiaba emerger. Describe un panorama rico en m sica psicod lica, asambleas anarcosindicalistas y amores libres que se enredan con la b squeda de la transformaci n social. El barrio del Carme, las playas de la Malvarrosa y los chiringuitos junto a la playa sirven de escenario para encuentros clandestinos, fraternidades creativas y episodios de amor convulso.
En primera persona, el narrador nos transporta al epicentro de la efervescencia: el barrio del Carme, un hormiguero de artistas, poetas, activistas y so adores que, armados de guitarras, panfletos y drogas psicod licas, anhelan subvertir el orden establecido. A su lado, desfilan personajes imborrables. La contracultura, el amor libre, los conciertos, la m sica, el pop-rock, la mar a, los chiringuitos clandestinos, las hogueras al anochecer, las manifestaciones y las discusiones pol ticas al alba forman el paisaje de una ciudad que los absorbe y tambi n los expulsa.