Una noche, al finalizar el servicio de tarde, siendo las nueve y media, Pedro me invit a tomar una cerveza. Hab a muchos compa eros que lo hac an y ayudaba a descargar adrenalina acumulada durante el servicio. En definitiva se trataba de ir a un bar y conversar alrededor de una jarra fresquita mientras se comentaban situaciones del trabajo, como intervenciones que no se resolvieron bien o llamadas de la Sala del 091 que podr an haberse resuelto de una forma o de otra. No me sent c moda con su invitaci n. Y no porque me hubiera invitado, algo que me encant , sino porque no quer a que nos reuni ramos en un lugar pr ximo a la comisar a. El solo hecho de pensar que Pedro y yo estuvi ramos solos en el interior de un bar tomando una cerveza, libres de servicio, me hac a sentirme como una adultera. Pedro estaba soltero y sin compromiso, pero yo ten a novio y hab amos comenzado a planear nuestra boda en cuanto jur ramos el cargo y fu semos destinados a nuestro destino definitivo.