Una voz perdida en la tertulia de los sue os. Renacimiento del mundo a tus pies. Bronceado taciturno del corcel en el oc ano rtico. Los jardineros laborando fatigosamente por descansar, y beber el carism tico sabor de esa agua transparente. Vuelven las prosas a los d as de los poetas azules. Nadie sabe del barco sumergido en los sentimientos negros. Y el roce del viento maldice a los piratas de corazones muertos. Pero cada d a hay m s para cantar, sobre todo, las algas que adornan el cuello de la princesa. Se disimula la partida. Nadie sabe cu ndo ser . Yo tras el rbol cargado de fechas violetas, doy flores. Seguir n pasando las se oras por la alameda y el r o de p jaros, alzar su vuelo para trinar aun cuando haya hombres en guerras y sin paz. Yo que vengo de aquel campo tan lejano de Cuba, me presume el silencio a libertad, y el mapa que cuelga en la arrugada pared me desvela. Hay risa en lo que el verano esconde. Lo s bien Aunque, tambi n s que siempre habr oasis en el desierto. Ser como no he sido, dijo aquella vez la mariposa, y volaron muchas gaviotas sobre los libros de Mart . Porque cada hombre fue fusil y una batalla de versos. Sobre todo, cuando hablaba de la tregua del manantial, de las aguas caprichosas que no se dejaban beber. Mas, escondido qued all un d a, un amarillo poemario. Las viudas segu an llorando al cielo. Cada cuadrante de sus estantes vac os necesitaba poes as, gentes que le quitaran del desgarrado sufrir que las aferraba y lleg alguien, cargado de una alforja de estrofas. Nadie muri porque nadie ten a que morir. Siguieron dando flores los rosales y hubo luna llena. Donde siempre se sembr , nac a el chocolate del existir. Una ventana se abri . Se hab an cerrado las esencias. Mas, hubo amor y brindis en los manantiales. Y ya por el final del camino, amaneci la alborada. Ya se ve an las luces de las cataratas del Ni gara. Aquellas arenas eran limpias al cielo de los ojos. Se empezaba a dar el amar en forma de premio. Se enredaba la desembocadura de dos r os. Ahora aqu , mueren las ltimas l neas embelesadas de la norte a prosa, ubicada por el continente africano, en los recuerdos del Sahara de mi escapada mochila. Pero as , queda conformada la dulce sequ a del desierto, cuando lo eterno y pueril, es ba arse en su remanso.
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