Si t?, lector, esperas como yo lo inesperado, para hacerlo en cierto modo inolvidable con la visi?n en dimensiones l?ricas: piensa en el color inasible de un atardecer, que hilvana caligraf?as con la sonrisa gioconda del Sol. Y en una esperanzada construcci?n del sue?o en el bosque de la noche, que lleva de la mano afinidades simb?licas y est?ticas por la alta nube que prefigura la Amada en el tiempo y espacio del arcano; de aquel aire aromado por los celestes caminos de los verticales celestes, y diademados sentires que quieren el silencio y la prisa del trascendente vuelo; con una no consentida invocaci?n a la postrimer?a en el sedal que en la humedad del agua anuncie albura y en pura desnudez su vestidura; y en el lienzo bordado con los afanes del d?a el poema que eleva el amor hacia la cima bella donde la llama, difusamente, parpadea, y se sublima la rima con la estrella.
Yo, aunque lleno de fr?o, intentar?a con la fuerza que me prestara su ?ngel y su Gracia, hacer arder el alma en el crisol de un tiempo otro, trascendido. En aquel otro espacio, y en otra geometr?a. Integrado en el centro de tu altura. Vertical celeste de la esfera que tu sombra blanca configura, Celinda, tu ternura.