Eustaquio Delgado es un funcionario de provincia, conservador hasta la m dula, que vive con su madre y sobrevive a golpe de bar, rutina y queja. Un d a sufre un accidente dom stico que lo deja aturdido; en ese limbo se le aparece Santiago Ap stol, quien le encarga una misi n concreta: proteger lo esencial -la ley, el trabajo honesto, el barrio- y detener la expansi n de una red conocida como "Amego Segarro": un conjunto de seres con el pelo br coli, seg n el santo, atracan, cobran ayudas masivamente, ocupan espacios p blicos y manipulan la compasi n con el visto bueno de parte del poder pol tico.
Eustaquio adopta el alter ego de Capit n Centella, un h roe de barrio con s mbolos castizos (capa, montera y un jam n-talism n) que mezcla torpeza y coraje. Entre persecuciones modestas y pesquisas de mostrador, descubre que detr s de los "Amego Segarro" opera un entramado de ONGs pantalla, contratos menores y propaganda. La guinda es un Presidente fotog nico que usa a Centella como buf n medi tico para se alar a "los de siempre" mientras abre la puerta a un proyecto de control cultural.
La novela combina investigaci n, s tira y acci n urbana: infiltraciones en cursos "woke", actos oficiales en el puerto, sabotajes de barrio y un asalto disparatado a Moncloa que, pese al humor, plantea preguntas serias: qui n reparte el relato?, qu se protege cuando se invoca la patria?, y qu queda de la ley cuando la convierte en espect culo?
El final deja a Centella frente al espejo: o aceptar el cargo y el silencio, o seguir siendo el h roe inc modo que se enfrenta tanto al abuso de algunos "Amego Segarro" como a la maquinaria que los utiliza.