Bendita Telara a (por Ernesta, su protagonista y due a de las pantuflas)
"No escrib este libro. Lo viv . Y ahora, te lo regalo". - Ernesta
Hola. Soy Ernesta. La del 1,59 (no 1,60, ese cent metro robado es mi peque a rebeli n), las pecas, el pelo rubio durazno (s , peach si te gusta la literatura glam) que ya no plancho con desesperaci n y el gato gris que aparece y desaparece como un duende t ctico. Si est s leyendo esto, probablemente hayas tenido un Rolo, un L ber, un Patricio o un Diego en tu vida. O quiz s los tuviste a todos, como yo. Esta no es la rese a de una cr tica literaria. Es el testimonio de una sobreviviente.
Bendita Telara a es la historia de mi vida, pero no como un diario de v ctima. Es el mapa de un campo de batalla despu s de que la guerra ha terminado, con los cr teres convertidos en macetas y los cascotes, en los cimientos de una casa nueva. Una casa frente al mar, con ventanas limpias y un sof azul. Mi casa.
En estas p ginas, revivo a los hombres que, entre los dieciocho y los veintiocho a os, cre que eran el amor de mi vida. Desde Pablo, el primer deslumbramiento que me hizo quemar un lomo pensando que era po tico, hasta Santiago, el ltimo, cuya indiferencia fue m s clara que cualquier campanada de A o Nuevo. Hay un narcisista que me regal un manual para ser su novia perfecta. Un vampiro energ tico que me dej tan zombie que us una crema de seiscientos d lares como desodorante. Un psic pata social que desapareci de mi departamento sin dejar rastro, como un fantasma elegante. Un gur espiritual que com a sopa instant nea mientras predicaba la iluminaci n. Un coleccionista que guardaba a sus ex en cajas de pl stico en el tico. Y muchos, muchos m s.
Pero cuidado: esto no es un manual para detectar hombres t xicos. Es algo mejor. Es el relato de c mo yo fui t xica para m misma. C mo mi dependencia, mi inseguridad y mi desesperaci n por ser amada me hicieron una experta en traducir se ales de alarma en "profundidad", en llamar "pasi n" al caos y "seguridad" a la prisi n.
Lo escrib con todo: con la nostalgia de quien recuerda un beso que, en su momento, supo a cielo. Con el alivio brutal de quien, desde el otro lado, sabe que ese cielo era de cart n pintado. Y, sobre todo, con humor. Un humor que duele y cura al mismo tiempo. Porque re rse de la propia estupidez es el primer paso para perdon rsela. Y yo me re mucho: de mi mohawk autoinfligido, de mi intento de hipnosis por YouTube, de la vez que fui la peluquera de una "boda exclusiva" que result ser el cumplea os de quince de una prima en un patio de tierra.
Y el final? No te voy a spoilear, pero te digo esto: no es un "y vivieron felices para siempre" al lado de un pr ncipe pelirrojo (aunque aparece uno, y es sencillamente hermoso). Es un "y finalmente, ella vivi feliz consigo misma". Es la paz de las pantuflas, de las ma anas sin alarmas, del bud n de pan comido directamente de la fuente, de la libertad de pintar una pared de amarillo grit n solo porque s .
Si alguna vez sentiste que tu vida amorosa era un juego de ruleta rusa donde todas las balas ten an nombre de hombre, este libro es para vos. Te va a hacer re r con ganas, te va a hacer reconocer patrones con un " ay, no, yo tambi n " y, con suerte, te va a dar la misma cosa que a m el permiso para colgar el cartel de "Cerrado por reparaciones" y descubrir que, dentro de tu propio coraz n, hab a un para so al que no hab as dejado entrar en a os.
Bendita Telara a es mi diario de a bordo desde el naufragio hasta la orilla. Y la orilla, amiga m a, es mucho m s divertida, tranquila y poderosa de lo que nunca imagin . Con o sin hombre. Pero, sobre todo, conmigo.
P. D.: Pombero, mi gato, aprueba este mensaje. Y l es un juez muy, pero muy estricto.