Sentado ante la mesa de madera que el tiempo y el descuido hab an ido oscureciendo, el hombre sinti de pronto que el objeto frente a l, esa pieza de metal terminada en cuatro puntas que sosten a con la mano derecha, carec a de nombre y, lo que era m s grave a n, de prop sito, se qued mir ndolo con la fijeza de quien intenta reconocer a un pariente lejano en una fotograf a borrosa, pero el metal no le devolvi ninguna respuesta, era solo un peso fr o, una geometr a absurda que no conectaba con el trozo de carne que esperaba en el plato.