Con el abrazo armado de la palabra po tica, el joven poeta Jos Alfredo P rez Alencar (Salamanca, 1994) se dispone a asaltar, con el carcaj cargado de las flechas de la poes a, las murallas de la realidad, pues sabe que para sitiar el asombro hace falta el verso combativo y albergar un coraz n dispuesto a la batalla. El camino elegido por el poeta no es f cil. La poes a es b squeda de la verdad y hallazgo de la maravilla. Aljaba del asombro, como en Heine, es una sarta de poemas hilvanados entre s , un rosario que se deshace entre los dedos del poeta. Es su credo personal, su fe irredenta en la justicia, es decir, en la virtud de los mejores. Porque a nuestro poeta se le nota su condici n de jurista, pues justicia es lo que exhalan sus poemas o, al menos, ansias de justicia. Tambi n del lenguaje de la jurisprudencia se sirve, con su pose exquisita y su alambicado decir, adem s de tecnicismos que se cuelan en los intersticios del verso. Esta poes a se convierte en compromiso por el arduo camino del lenguaje, de la distorsi n del lenguaje hasta hacerlo nico, personal e intransferible, forz ndolo hasta desencajarlo, mediante hip rbatos y un registro elevado que toma la distancia necesaria para que no tenga tufillo coloquial. La poes a de P rez Alencar supone el enrarecimiento del lenguaje discursivo para anularlo, para convertirlo en nada y, por tanto, hacerlo desparecer de su po tica. El lenguaje cotidiano muere para hacer resucitar un lenguaje otro, que se vale de una palabra herm tica que halla en su cerraz n su modo de ser. Pero, como la cris lida, de esa oscuridad brotar la luz de la pasi n. Del pathos latente en su poes a nace una moral insobornable, sin concesiones. ... Es Jos Alfredo un poeta de voz inconfundible, cuyo eco mayor es Rimbaud. Y su voz es pica, la batalla de un solo h roe que viaja contra viento y marea, la del deshacedor de entuertos, el desvelador de encantamientos. La voz grave y altisonante de Jos Alfredo resuena en la voz del pueblo, en la palabra oral que alienta e incita, como arenga, verso a verso, golpe a golpe, remont ndose as al origen de nuestra madre literatura, la del com n de los mortales que, en el solaz, cantaban y contaban dichas y desdichas, dando voz a la humanidad. La po tica de Rimbaud subyace en su inconsciente y aflora en esa forma de ver el mundo, desde la libertad y la ausencia de tergiversaci n. En el coraz n de su verso late la misma intenci n de cr tica social. Parte de lo inmediato y de lo cotidiano para buscar la imagen sorprendente. Tambi n la desobediencia y la escisi n del grupo, el caso omiso del discurso com n y de las habladur as lo acercan al infante terrible de fin de siglo. ... El poeta crea un paisaje emocional que cubre los l mites de su biograf a. All donde habita su cuerpo, late su poes a. Y, parad jicamente, una poes a que puede ser tildada de barroquismo por su afectaci n en las maneras, se presenta, sin embargo, como sincera por ser un ejercicio consciente de lucidez, de no ceder ante la facilidad receptiva. El hermetismo de esta poes a consiste en la elevaci n del tono por encima del lenguaje est ndar. Esta poes a es artificio, en tanto que objeto elaborado de un poeta que ha crecido en el uso del lenguaje po tico y ha elegido el camino de la plusval a ling stica, una senda en la que el cuello simbolista se yergue enhiesto como el ideal de la bandera francesa ondeada en el cuadro de Delacroix. Cada poeta sue a un mundo y Jos Alfredo P rez Alencar sue a con un mundo mejor, sin pompas ni afeites, con la voz sincera del que hace valer su traves a. Valent n Navarro Viguera, Ph.D.
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