Reducir la adoraci n a un tiempo de m sica es irresponsable, pues la adoraci n va mucho m s all . Enfatiza que Dios est despertando a la iglesia a reconocer su importancia como reconocimiento, arrepentimiento, reverencia y entrega total, con Cristo como nico fundamento. Adoraci n no se trata de elegir entre lo moderno o lo antiguo, sino de edificar sobre lo bueno, con el coraz n como clave: la adoraci n es actitud interna, y el canto solo una expresi n.
El libro explorar en detalle alabanza, acci n de gracias, unci n y la adoraci n b blica, con el objetivo de formar verdaderos adoradores que dejen cr ticas, competencias y proyecciones para enfocarse en rendir a Dios adoraci n genuina, tanto individual como comunitaria. Esta es doble: personal ( ntima, en secreto, como ense a Jes s en Mateo 6:6 y el salmista en Salmos 42:1) y colectiva (asamblea, unidad del cuerpo de Cristo, participaci n mutua en Efesios 5:19 y Hechos 2:42), enriqueci ndose mutuamente para evitar individualismo o formalismo. Adem s, la adoraci n es habitual (vida entera de obediencia, justicia, misericordia y humildad diaria, como en Miqueas 6:8 y Am s 5:24) e intencional (actos deliberados de entrega, como el sacrificio vivo de Romanos 12:1), ambas esenciales: lo intencional moldea lo habitual, y lo habitual da autenticidad a lo intencional, permeando toda la vida m s all del santuario.