Y llegado el momento, no desesper is, simplemente hay que dejar fluir la situaci n, al final todo el mundo a la calle, el lugar de la ceremonia queda vac o y empieza la tertulia en plena calle, o jardines, o lo que haya fuera de ese local. Ah se rememoran cosas y situaciones, pero se avanza hac a lo f til que es vivir, lo duro que es irse, lo sensible que fue la ceremonia y en definitiva acabamos pregunt ndonos por la salud de todos, presentes y conocidos no presentes, y la conversaci n deriva simplemente hacia lo m s parecido a una sala de espera de cualquier m dico de cabecera, centro de salud u hospital. As de duro acaba siendo todo. Por todo ello, solemnidad y sencillez no son incompatibles, despedirse es un acto de homenaje y respeto, pero al mismo tiempo un acto en el que celebramos la vida de quien nos dijo adi s y al mismo tiempo celebramos la vida de los que se quedan y el trozo de camino, largo o corto, que compartieron antes del final. Un buen discurso, un bolero, un sencillo envoltorio y unas flores rojas sin m s, es un buen escenario, todo lo dem s es escenograf a que no tiene sentido, por qu ? preguntareis, muy simple, el actor principal no est , yace de cuerpo presente, pero ni aparece en escena, se le supone all , todo lo dem s es pura apariencia que a los que se quedan les gusta mucho pero no deja de ser un c mulo de sinsentidos. Adi s. Sin m s. Sencillez. No especulemos ni permitamos la especulaci n de los asistentes. Eso est de m s, cuando el dolor por el final se une a la alegr a por lo bien que hemos hecho el acompa amiento y cumplimos todos y cada uno de los deseos de ese actor que ya no est ; es suficiente, luego en la intimidad de cada uno queda la imagen de un final y no la imagen de un circo.
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