Aqu estamos, al final del camino. Si usted ha llegado hasta aqu , felicidades: ha le do m s de la esencia humana de lo que cualquier acad mico con gafas de culo de vaso leer en toda su vida mientras intenta descifrar si el color del moco de Stephen Dedalus simboliza la decadencia del Imperio Brit nico o simplemente que el chico ten a un resfriado de mil demonios.
Seamos sinceros: el Ulysses de Joyce es el traje nuevo del emperador, pero tejido con palabras que nadie usa y p rrafos que parecen un ataque de epilepsia en una imprenta. Es la Biblia de los eruditos de sal n, esos que exhiben el lomo del libro en su estanter a (con el marcador siempre en la p gina 45, no nos enga emos) para que las visitas piensen que su cerebro es una catedral cuando en realidad es un trastero lleno de facturas sin pagar.