Creyeron que era el planeta m s cercano y extra o, un mundo de grises donde la vida nunca podr a existir. Sin embargo, result ser el m s parecido y distante, con ojos que, como su propia luna, reflejaban las luces m s deslumbrantes de todo el universo.
Hanna es de la Tierra. Zio, de Urebba. Un simple celular, un objeto que los unir , con la Luna y el Ikali como testigos de algo que parec a imposible.