Mi trabajo no es matar. Matar es la parte f cil. Mi trabajo es desaparecer.
Por desgracia, nunca es tan sencillo. Puedes pasar desapercibida meses, a os incluso. Pero cuando ayudaste a desarticular una mafia trabajando para el CNI y al retirarte del trabajo de esp a, te conviertes en un clavo incrustado en demasiados zapatos. Un clavo del que todo el mundo se quiere deshacer, aunque nadie quiere ensuciarse las manos.
Luego est Leire. Nadie te entrena para eso. Te ense an a seducir objetivos, a fingir afecto, a leer gestos y silencios, pero no a lidiar con lo que pasa cuando dejas de fingir. Lo nuestro empez como empieza casi todo en esta vida: por necesidad. La necesidad humana y pat tica de no morirse sola, de que alguien te mire como si no fueras solo la suma de tus pecados. Y sin darme cuenta, aquella mujer a la que al principio pens usar como coartada emocional se convirti en mi mayor punto d bil, la herramienta del CNI para limpiarse las manos.