El dolor de una ruptura amorosa es un fuego que no se apaga f cilmente; asimismo, es inevitable que no debilite el coraz n por un tiempo. Creemos tenerlo todo cuando nos tomamos de las manos y cruzamos las miradas, cuando el silencio se junta con los besos o cuando simplemente sabemos que estamos en compa a de alguien. Todo parece brillar en ese entonces. Sin embargo, el verdadero reto viene despu s de eso: lidiar con esos recuerdos acompa ados de noches en vela, un caf caliente y un cielo nocturno. Esos d as, donde luchas por hacer caso omiso a tus memorias, solo para que el d a no termine tan doloroso como de costumbre. Estos versos son escritos especialmente para los que viven con los desgarradores recuerdos de una despedida repentina; para aquellos que amaron y no obtuvieron el mismo privilegio; y finalmente, para los que siguen de pie, aunque su coraz n est deteriorado.
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